Galería de mapas mentales la comunicación
Sumérgete en el mundo de la comunicación con este mapa mental sobre las funciones del lenguaje, su definición y clasificación. Una herramienta esencial para comprender el proceso comunicativo en 2024 y más allá.
Editado a las 2024-04-22 18:17:48,la comunicación
La comunicación
Una de las más importantes funciones sociales del ser humano se desarrolla a través de la comunicación, que permite un intercambio de información entre las personas y ofrece a estas la posibilidad de compartir con sus semejantes todo tipo de inquietudes, deseos, frustraciones y vivencias.
Sin embargo, no podemos afirmar que la comunicación sea una actividad exclusivamente humana, ya que los procesos que la sustentan se dan también entre los animales; los maullidos de un gato ante la presencia de la comida que se le va a administrar son una expresión manifiesta de que el animal tiene hambre, del mismo modo que la risa en el rostro de una persona significa que esta está alegre.
Podríamos incluso hablar de procesos de comunicación producidos por objetos o má quinas; algunos provocados directa o indirectamente por la acción humana (como el timbre que indica el final de la clase) y otros producidos por la «inteligencia» de la máquina, como pueden ser los mensajes que aparecen en la pantalla de nuestro ordenador advirtiéndonos, por ejemplo, del peligro de un virus informático que nos acecha.
Los elementos que intervienen en la comunicación humana
Para que sea posible el acto comunicativo es necesario la presencia de una serie de ele mentos que constituyen un esquema cerrado en el que todos ellos son imprescindibles:
Emisor: es la persona que crea y emite el mensaje, mediante el proceso de codi ficación.
Receptor: es quien recibe la información enviada por el emisor y la descodifica para comprenderla.
Mensaje: es la información concreta que el emisor comunica al receptor.
Código: el sistema de signos que emplean el emisor y el receptor para intercambiar la información. Debe ser conocido por ambos para facilitar los procesos de codificación y descodificación. Los códigos pueden ser muy variados: por ejemplo, las señales de tráfico constituyen un código; los idiomas, otro.
Canal: es el medio por el que se envía el mensaje: el teléfono, un folio, el aire, etc. El canal puede condicionar la forma del mensaje, ya que no será igual si este se co munica por teléfono que si se hace por correo electrónico o estando frente a frente el emisor y el receptor.
Contexto o situación comunicativa: se trata de la situación externa que rodea al acto comunicativo y que puede ayudar a la comprensión del mensaje o, incluso, mo dificar el significado de este dependiendo de cuál sea esa situación comunicativa. Así, el mensaje un café no requiere más elementos lingüísticos si se emite ante un camarero en una cafetería, pero sería incomprensible en una carnicería; mientras el mensaje te espero en el banco puede cambiar de significado según estemos en un par que o en la zona financiera de la ciudad o el mensaje el timbre varía según lo digamos en el aula, en nuestra casa o ante una llamada telefónica, por ejemplo.
Es importante distinguir entre el contexto externo o situación comunicativa, que aca bamos de explicar, y el contexto interno o lingüístico. Este último serían las palabras que acompañan al mensaje que queremos comunicar. Si retomamos uno de los ejemplos anteriores, con la palabra banco, veremos que el contexto lingüístico es esencial para diferenciar los significados en los dos mensajes siguientes: Te esperaré en un banco del paseo y Pasaré por el banco para sacar dinero. Como se ve, el resto de palabras que acompañan a banco contribuyen a la correcta comprensión del mensaje.
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Ruidos y redundancia
En el proceso de la comunicación se pueden presentar elementos perturbadores que impiden o dificultan la comprensión de los mensajes y que reciben el nombre genérico de ruidos. Un ruido puede ser la falta de cobertura en un teléfono móvil, una hoja rota en un libro, el volumen bajo de la voz de nuestro interlocutor, un sonido estridente que nos impide oír lo que nos están diciendo, etc.
Para resolver los problemas derivados del ruido se recurre al uso de la redundan- cia, que se basa en la repetición y que intenta evitar que se produzcan fallos en la comunicación. Repetir el mismo mensaje cuando acaba de producirse un estruendo que puede haber impedido su correcta recepción, decir lo mismo con diferentes pa labras para clarificar las posibles dudas del receptor o subrayar lo que decimos con gestos significativos son algunos casos de redundancia provocada intencionadamente por el emisor para hacer más comprensible su mensaje. El código utiliza también la redundancia. Algunos ejemplos en español serían: la concordancia, que remarca el plural de una oración en Las hijas de tus hermanos son muy traviesas o el añadido de pronombres innecesarios: Te lo compré a ti, Yo no tengo prisa, Se ganó tres mil euros con la lotería.
Comunicación verbal y no verbal
Los actos de comunicación humana no solo se basan en el intercambio de conver saciones, sino que estas se ven siempre acompañadas, subrayadas y modificadas por actos externos, no verbales, que tienen una importancia y una relevancia similar a la propia comunicación verbal. Esta se sustenta en el uso de las palabras, del idioma; la no verbal, en gestos, miradas, posturas, entonaciones, etc. La teoría de la comu nicación ha estudiado estos procesos no verbales y los ha clasificado para su mejor comprensión. De aquí surgen tres ramas de estudio de los procesos comunicativos no verbales:
La quinésica, que se ocupa del estudio de los gestos y de los movimientos corporales que acompañan a las palabras en cualquier intercambio de información. Curiosamente no todas las culturas utilizan los mismos gestos para expresar determinados mensa jes. Por ejemplo, en España, poner la palma de la mano sobre la tripa y hacer con ella movimientos circulares puede significar que se tiene hambre, mientras en Italia esta información gestual se comunica haciendo girar el dedo índice sobre la mejilla.
La proxémica estudia la cercanía o lejanía entre los interlocutores, así como las posturas de estos, en el contexto del proceso comuni cativo. De este modo, determinadas posiciones facilitan o dificultan determinados procesos de comunicación. No nos sentaremos ni nos dispondremos igual para hablar con el banquero que puede conce dernos un crédito que con un amigo en un bar o con nuestra pareja en una conversación íntima. Como vemos, en la proxémica inciden el tipo de relación entre el emisor y el receptor, el grado de confianza o intimidad, etc.
La paralingüística se centra en los elementos extralingüísticos que intervienen en el proceso comunicativo, tales como el volumen de voz o el estado de ánimo del emisor. Si necesitamos imponer silen cio en una clase con treinta y cinco alumnos que hablan sin cesar, deberemos emplear un volumen de voz más elevado, que, en muchas ocasiones, comunicará también un cierto enfado que altera nuestro
estado de ánimo.
El signo. Definición y clasificación
Como venimos observando, para que se establezca la comunicación es preciso que exista un código común para el emisor y el receptor. Hemos definido antes el código como un sis tema de signos. En efecto, la base de cualquier código (sea lingüístico o no) son los signos.
La ciencia que se ocupa del estudio de los signos se llama Semiología o Semiótica.
Los signos se componen de dos elementos constituyentes: el significante y el signifi- cado. El significante es la parte formal o material del signo, lo que percibimos por los sentidos. Por ejemplo, en la palabra gato el significante son los fonemas que la compo nen: /g/, /a/, /t/, /o/, que, juntos y en ese mismo orden, nos aportan un significado concreto en español. Del mismo modo, el sonido del timbre en el aula es un significante que nos da una información precisa (el final de la clase) y aporta así un significado comprensible por todos los que conocen el código empleado. Por lo tanto, el significa do será lo que nosotros entendemos ante la presencia del significante.
La realidad significada por un signo se denomina referente y remite a la idea, concreta o abstracta, que tenemos de esa realidad. Dependiendo del código empleado, esa idea se reconocerá a través de un significante u otro. Por ejemplo, el significado que nos sugiere en español el signo perro, se expresa con significantes diferentes si empleamos otro idioma (otro código): dog (inglés), chien (francés), cane (italiano), gos (catalán), etc.
Clases de signos
Podemos hacer distintas clasificaciones de los signos, atendiendo a criterios diferentes. A continuación incluimos algunas de las más importantes.
Tipos de signos según el sentido por el que se perciben
Existen cinco tipos, relacionados con cada uno de los sentidos:
Visuales: son los que se perciben por la vista. Entre otros, se encuentran aquí las banderas, las señales de tráfico, la lengua escrita. Pueden ser intencionados, como un mensaje escrito en un papel que ponemos en un lugar visible de la casa, o no intencionados, como un cristal astillado en una ventana, que puede significar que alguien se ha comportado violentamente.
Olfativos: se perciben por el olfato y sugieren significados diversos, muchas veces colectivos, pero a veces, también, individuales. Por ejemplo, un perfume determina do puede traernos a la mente a una persona concreta (individual), el olor a tabaco en una habitación cerrada significa que ha habido alguien fumando allí (colectivo). El emisor puede actuar también de manera intencionada: el perfume antes citado puede buscar la seducción o marcar un determinado nivel social.
Auditivos: los percibimos por el oído. A veces son signos establecidos consciente mente para expresar un determinado significado, como por ejemplo la sirena de una ambulancia, y a veces no son provocados, pero nos comunican significados pun tuales, como el golpe producido por la caída de un objeto de vidrio. La lengua oral también pertenece a este tipo de signos.
Táctiles: son los que se perciben por el tacto. Cuando tocamos un determinado ob jeto somos capaces de identificarlo y percibimos su textura, su forma y su tamaño. A menudo los signos táctiles son también premeditados, como un beso, una caricia, un apretón de manos, una palmada en la espalda, etc.
Gustativos: los percibidos por el gusto. Generalmente comunican mensajes de for ma no planificada, más allá de permitirnos saber si una comida está sosa, salada, dulce o amarga, y pueden tener, como el resto de signos sensitivos, una gran capa cidad evocadora, al traernos a la mente sabores perdidos ligados a algún momento de nuestras vidas.
Tipos de signos según la relación entre el significante y el significado
En función de las distintas formas de relación entre significante y significado se puede hablar de tres tipos de signos:
Indicios: son un tipo de signos en los que se produce una relación física entre el significante y el significado, a través de la causa y el efecto, la cercanía y otros tipos de relación. El olor a perfume en una habitación indica la anterior presencia de una persona, las nubes negras presagian la tormenta, el rubor de las mejillas expresa la vergüenza o la timidez de una persona, etc.
Símbolos: en este caso, la relación entre significante y significado es arbitraria o convencional y, por lo tanto, no existe ninguna similitud entre uno y otro. Son símbolos los signos que conforman el código morse, el lenguaje Braille, las señales de tráfico, las banderas y, entre otros muchos sistemas, los signos lingüísticos. Las franjas verticales que componen la bandera de Francia (azul, blanca y roja) se asocian a este país de manera convencional; la palabra carpintero se asocia en español a un determinado oficio de manera arbitraria, por motivos etimológicos que ofrecen esa forma concreta.
El signo lingüístico y sus características
El estudio del signo lingüístico y de sus características se debe al lingüista suizo Fer dinand de Saussure (18571913), quien estableció su naturaleza dual y su carácter psíquico, esto último porque, «sin mover los labios ni la lengua, podemos hablarnos a nosotros mismos o recitarnos mentalmente un poema». La dualidad del signo lingüístico se manifiesta en la división de este en significante y significado (arriba estudiada para todo tipo de signos), que se asocia a la imagen acústica y al concepto, respectivamente.
El signo lingüístico tiene una serie de características que lo diferencian, en conjunto, del resto de los signos. Son las siguientes:
Arbitrariedad: en el signo lingüístico la relación entre el significante y el signifi cado es inmotivada; el significante no tiene nada en común con el significado. La demostración de la arbitrariedad del signo lingüístico se observa en las formas dife rentes con que cada idioma se refiere a una determinada realidad. Por ejemplo, para expresar el significado correspondiente al referente de la palabra española carpintero, otros idiomas emplean significantes distintos. Así, en francés se llama charpentier, en italiano falegname, en catalán fuster o en inglés carpenter: formas distintas que se parecen a veces por la procedencia etimológica de la palabra. Quedan fuera de la arbitrariedad las onomatopeyas, a pesar de que en muchos casos no se expresan exactamente igual en las diferentes lenguas. Así, el quiquiriquí español se transforma en coquerico en francés o en cock-a-doodle-doo en inglés.
Linealidad: el signo lingüístico se desarrolla en el espacio y en el tiempo, de manera que representa una extensión que solo puede medirse en una dimensión, que sería la línea. Los significantes se presentan uno tras otro, tanto en el tiempo (cuando los percibimos por el oído) como en el espacio (cuando los representamos por medio de la escritura): nunca ofrecen elementos superpuestos o simultáneos, como puede ocurrir con otros tipos de signos como las notas musicales.
Inmutabilidad y mutabilidad: aunque parezca contradictorio, el signo lingüístico es a la vez inmutable y mutable. La inmutabilidad se manifiesta porque el signo es heredado por el hablante en un estado determinado y este no puede cambiarlo; debe utilizarlo tal y como ha llegado a él. Sin embargo, el uso termina desgastando y transformando el signo lingüístico, tanto en su significado como en su significante e incluso en la relación entre ambos. El castellano medieval fijo ha dado el actual hijo; la palabra pluma ha desplazado su significado para referirse a un instrumento para escribir, dejando de ser exclusivamente un componente del cuerpo de las aves. En resumen, podríamos decir que la lengua se transforma sin que los hablantes pue dan transformarla, aunque, paradójicamente, las transformaciones que sufre con el tiempo se deben al uso que de ella hacen los hablantes.
La doble articulación: el lenguaje humano tiene la capacidad de segmentarse en unidades mínimas que, combinadas entre sí, forman un número muy elevado de sig nificantes. La primera articulación se produce cuando segmentamos las palabras en monemas (lexemas y morfemas) o unidades mínimas con significado, ya sea este léxico o gramatical. En la oración Esos niños ganaron muchos trofeos se puede estable cer la siguiente división en monemas: es-o-s niñ-o-s gan-a-ro-n much-o-s trofeo-s. La segunda articulación se da cuando hacemos una segmentación en fonemas (unidades sin significado pero con valor distintivo): e-s-o-s n-i-ñ-o-s g-a-n-a-r-o-n m-u-ch-o-s t-r- o-f-e-o-s. Esta doble articulación diferencia el lenguaje humano del lenguaje animal.
Las funciones del lenguaje
Sabemos que el lenguaje humano tiene como finalidad la comunicación entre los ha blantes, que pueden expresar con su uso ideas y sentimientos muy distintos: estados de ánimo, órdenes, deseos, informaciones, etc. La clasificación de todas estas posibilida des comunicativas se desarrolla a través de diversas funciones:
Función referencial o representativa: tiene como finalidad informar de manera objetiva, sin la intervención de opiniones o sentimientos por parte del emisor. Se centra en la situación comunicativa, a la que remite. Predomina el uso de oraciones enunciativas y es propia del lenguaje científico: Ha amanecido nublado, Los niños están merendando, Velocidad es igual a espacio partido por tiempo, etc.
Función expresiva o emotiva: se asocia al emisor, quien comunica por medio de ella sus sentimientos, deseos, pensamientos, opiniones, etc. Predomina por ello la subjetividad. Se emplea sobre todo en oraciones exclamativas y desiderativas, y es propio de ella el uso de interjecciones, diminutivos, aumentativos, despectivos, etc.: Lo mejor de Amelia es su sinceridad, Me encantan los caramelos de fresa, Estoy cansa- do de caminar, ¡Qué dolor!, Mira qué animalucho, etc.
Función apelativa o conativa: consiste en llamar la atención del receptor o en intentar modificar el comportamiento de este por medio de ruegos, mandatos, etc. Se centra, por lo tanto, en el receptor, y predomina en ella el uso de oracio nes imperativas y vocativos: Tráeme un vaso de agua, por favor, ¡Luis!, Deberías hacer más ejercicio físico, etc. A veces, la función apelativa se vale del uso de diminutivos (Un momentito, por favor) o de interrogativas (¿Te quieres estar quieto?).
Función fática o de contacto: sirve para demostrar que la comunicación no se ha interrumpido y, por lo tanto, el contacto entre el emisor y el receptor no se ha roto. También se emplea para iniciar y cerrar la comunicación. Se centra en el canal, ya que pretende comprobar su correcto funcionamiento. En una conversación telefónica, el emisor puede preguntar al receptor: ¿Me oyes?, mientras que el interlocutor, para demostrar que sigue el discurso de quien le habla, dirá de vez en cuando: Sí... sí... ya... ya... de acuerdo. Como se puede ver, esta función es, en cierto modo, una
Función metalingüística: consiste en usar el lenguaje para hablar del lenguaje y, por ello, se centra en el código. Es la función propia de los libros de lingüística, los diccionarios o las clases de lengua. Este libro que lees emplea básicamente la función metalingüística. Hasta cierto punto es una variante de la función referencial, centrada, en este caso, solo en el código como referente. Ejemplos: Las palabras agudas acabadas en vocal, n o s deben llevar tilde, El pronombre personal le hace la función de complemento indirecto, En francés el complemento directo no puede llevar preposición, etc.
Función poética o estética: tiene la finalidad de llamar la atención sobre la forma del mensaje por medio de recursos retóricos y expresivos, juegos de palabras, rima, ritmo, connotaciones, etc. Su uso produce un extrañamiento a causa del desvío del uso coloquial o estándar: frente a Llueve, El cielo se deshace en lágrimas. La función poética es propia de la literatura, aunque no exclusiva de ella, ya que es muy usada también en el lenguaje publicitario, en los refranes o, a veces, en la lengua común: Lotería de Navidad: es lo que toca (se juega con el significado doble del verbo tocar, aquí en el sentido de ganar y de tener que hacer algo: Me ha tocado la lotería, He ganado; Me toca trabajar, Tengo que trabajar); En abril, aguas mil (se emplea la rima para llamar la atención); Armando es un lince (la metáfora identifica al sujeto con un animal cuyas cualidades se le asocian).
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